sábado, 10 de noviembre de 2018

La desoladora carta de renuncia de un profesor: «Me cansé de pelear contra los móviles, contra WhatsApp y Facebook. Me ganaron»


Leonardo Haberkorn (periodista y académico uruguayo) ha compartido en Twitter unas duras palabras en su despedida como maestro.

«Después de muchos años», dice Haberkorn, se ha cansado de la falta de interés de sus alumnos. «Me cansé de pelear contra los celulares, contra WhatsApp y Facebook. Me ganaron. Me rindo. Tiro la toalla. Me cansé de estar hablando de asuntos que a mí me apasionan ante muchachos que no pueden despegar la vista de un teléfono que no cesa de recibir selfies», lamenta el profesor.



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«Esta semana en clase salió el tema de Venezuela. Solo una estudiante entre veinte pudo decir lo básico del conflicto, lo muy básico. El resto no tenía ni la más mínima idea», asegura Haberkorn. «Les pregunté ¿Qué es lo que pasa en Siria? Silencio. ¿Qué partido es más liberal o está más a la 'izquierda' en Estados Unidos, los demócratas o los republicanos? Silencio», explica en su carta.
«Ves que a estos muchachos que siguen teniendo la inteligencia, la simpatía y la calidez de siempre les estafaron, que la culpa no es solo de ellos. Que la incultura, el desinterés y la ajenidad no les nacieron solos. Les fueron matando la curiosidad y con cada maestra que dejó de corregirles las faltas de ortografía, les enseñaron que todo da más o menos lo mismo», continúa en su relato.
El profesor confiesa que «no quiero ser parte de ese círculo perverso», ya que «nunca fui así ni lo seré». «Lo que hago, siempre me gustó hacerlo bien, lo mejor posible. Y no soporto el desinterés ante cada pregunta que hago y se contesta con el silencio. Silencio. Ellos querían que terminara la clase. Yo también»

1 comentario:

  1. Entiendo que sea muy frustrante el estar hablado de algo que a nadie le interesa, pero yo creo, sin ánimo de ofender, que si de verdad se considera un verdadero profesor debería buscar otros medios para atraer la atención de sus alumnos, y no rendirse, aunque sea muy duro, ya que son sus alumnos los que van a sufrir las consecuencias y es el deber ético del profesor el hacerles ver estas consecuencias y el ayudarles a solucionar este problema... pero entiendo que se sienta así. De hecho, este problema, desde mi punto de vista, tiene más envergadura de la que podamos imaginar, por lo que un profesor solo no puede envfrentarse a él, sino que necesita la colaboración activa de padres y maestros. Así quizá se pueda frenar la excesiva adicción de los jóvenes a los teléfonos móviles (sólo si existe verdadera colaboración).

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