21/12/2018primaria y la es
Los párrafos anteriores, dedicados a infantil, primaria y secundaria los podéis encontrar en google. Me interesan fundamentalmente destacar las siguientes ideas, aplicables a la universidad
Miguel Ángel Santos Guerra acaba de publicar Evaluar con
el corazón (Homo Sapiens). Para él, “unos instrumentos de evaluación
pobres dan lugar a un proceso de enseñanza pobre”: “En un aula puede haber
tareas de memorizar, aprender algoritmos, comprender, opinar, crear… Las más
pobres son las primeras, aunque todas son necesarias. La mayoría de las pruebas
se centran en ellas, lo que da lugar a un proceso de enseñanza y aprendizaje
pobre”.
De las funciones de la evaluación también invita a
quedarse con las pedagógicamente más ricas. “Evaluar sirve para clasificar,
seleccionar, medir, aprender, dialogar, mejorar, motivar… Las más deseables no
coinciden con las más presentes en el sistema. El cómo evaluamos importa, pero
aún más el para qué”.
Al tiempo, invita a reflexionar sobre el proceso de
atribución: “Cuando no se adquieren los logros, no se aprende, no se tienen las
competencias, ¿quién es el responsable?”. Para el experto, la evaluación de los
alumnos constituye un proceso de aprendizaje para los profesores, también en
este punto.
Relata cómo pidió poder presenciar una sesión de evaluación en un
instituto para analizar un componente de la evaluación, sin desvelar cuál. Este
era la atribución, las explicaciones de los profesores acerca del fracaso:
“Todas resultaron exculpatorias -‘No tiene materia gris’, ‘No estudia’, ‘Viene
con un nivel muy bajo’- con lo que estaban condenados a no mover nada. Ni una
sola interrogación sobre el currículum, la metodología, la evaluación, la
coordinación entre profesores, su actitud hacia la enseñanza.
De esa sesión no hubo ni un solo resultado para la mejora.
Todo fueron recomendaciones hacia los demás -familia, alumnos, colegas de
niveles anteriores-. La educación debe educar al que la hace y al que la
recibe. Y los profesores deben preguntarse si la evaluación que están haciendo
es educativa. Si mejora al alumno o le aturde, asusta, tortura o desanima.
Porque la evaluación no es solo un fenómeno técnico, sino ético”.
Estoy totalmente de acuerdo con lo que se dice en este artículo, ya que es más fácil echar la culpa a los demás, y requiere algo más de "materia gris" el pararse a pensar si lo que está haciendo uno mismo es realmente lo correcto (que es lo que considera la gran mayoría de los y las docentes, que su método es el correcto). Me ha gustado mucho leer este artículo porque ilustra muy bien la realidad actual del pensamiento de la gran mayoría de nuestros profesores y profesoras no solo en las sesiones de evaluación, sino en el todos los ámbitos escolares. Por ello considero importante que tengamos en cuenta esto para nuestro futuro como maestros.
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