La Agencia
Europea por las Necesidades Educativas Especiales acaba de publicar un informe
en el que concluye que las personas con discapacidad que han recibido una
educación inclusiva tienen más posibilidades de tener una vida autónoma que
aquellas que han sido escolarizadas en centros segregados.
20/11/2018
La Agencia
Europea para las Necesidades Educativas Especiales y la Inclusión Educativa ha
revisado alrededor de 200 estudios y artículos publicados en los últimos años
en Europa y países como Estados Unidos y Australia en los que se aborda la
cuestión de la inclusión social de las personas con discapacidad y la relación
que este proceso de inclusión tiene con el tipo de educación que han recibido.
A partir de aquí, ha publicado un informe –que tiene una versión larga de 81 páginas, y una resumida de 16 disponible en español–
donde concluye que las personas con discapacidad que reciben una educación
inclusiva tienen más posibilidades de tener una vida más autónoma en los
ámbitos social, laboral y familiar.
Esta
agencia es un organismo independiente con sede en Dinamarca que recibe
financiación de la Comisión Europea y que está formado por representantes
gubernamentales de 31 países (que son todos los de la UE, menos Rumanía, además
de Suiza, Noruega, Islandia y Serbia). La voluntad de informes como este es que
los responsables de las políticas públicas de los diferentes países tengan más
elementos de juicio a la hora de definirlas.
En
concreto, el informe se ha querido fijar en todos los estudios que traten de
dar respuesta a estos dos interrogantes. 1) ¿Qué relación existe entre la
educación inclusiva y la inclusión social? 2) ¿Qué dicen las investigaciones
actuales sobre el potencial que tiene la educación inclusiva como instrumento
para promover la inclusión social?
La
segregación escolar minimiza las oportunidades de inclusión social
“Las
pruebas de las investigaciones aportadas en la revisión –se lee en el informe–
sugieren que asistir a centros segregados minimiza las oportunidades de
inclusión social tanto a corto plazo (durante el periodo en el que los niños
con discapacidad van a la escuela) como a largo plazo (tras graduarse en
centros de educación secundaria). El hecho de asistir a un centro especial se
relaciona con bajas cualificaciones académicas y profesionales, trabajos en
talleres protegidos, dependencia económica, menores oportunidades para llevar
una vida independiente y escasas redes sociales tras la graduación”.
El
informe se fija especialmente en la relación con el mundo laboral y con la vida
en comunidad, y concluye que una educación inclusiva aumenta las probabilidades
de la persona de encontrar una salida en el mercado laboral ordinario, ya sea
con la modalidad de empleo con apoyo, un empleo abierto o incluso la actividad
autónoma, mientras que la educación en un centro segregado conduce a un tipo de
trabajo en un taller protegido, cosa que “probablemente contribuya más al
aislamiento que a la inclusión social” de la persona con discapacidad.
Lo
mismo sucede en el ámbito de la vida independiente. Una educación inclusiva
“aumenta las oportunidades de llevar una vida independiente”, si bien esta no
depende únicamente de este factor, sino que influyen también las políticas de
bienestar social. El informe menciona que este impacto de la educación
inclusiva sobre la capacidad de la persona de tener una vida independiente se debilita
a medida que pasa el tiempo desde su graduación. Y dice también que los jóvenes
con discapacidad que van a centros segregados “tienen menos probabilidades de
crear amistades y redes sociales en su vida adulta”.
La
participación es el aspecto clave de la educación inclusiva
Otro
aspecto en el que también inciden las conclusiones presentadas por esta agencia
es que el concepto de educación inclusiva no es equivalente a escolarización en
un centro ordinario. Y pone mucho el énfasis en la participación como
termómetro de la inclusión. “Las políticas que consideran la educación
inclusiva como mera asignación en un centro escolar ordinario obstaculizan la
participación del alumnado con discapacidad y, por lo tanto, no conducen a la
inclusión social”, dice el informe. “Para que la educación inclusiva tenga
impacto en la inclusión social es necesario garantizar, a través de las
políticas y las prácticas, que el alumnado con discapacidad participe en
igualdad de condiciones que el alumnado sin discapacidad en todos los aspectos
del sistema escolar”, añade.
Entre las
decenas de referencias citadas en la bibliografía sólo hay tres españolas. El
estudio INCLUD-ED (Successful Educational Actions for Inclusion and Social
Cohesion in Europe), coordinado por el catedrático de la UB
Ramón Flecha en colaboración con varias otras universidades europeas y
publicado en 2015 por Springer, y dos artículos publicados en las revistas
International Journal of Inclusive Education y Journal of Intellectual and
Developmental Disability por las profesoras de la Universidad de Girona Maria
Pallisera, Judit Fullana y Montserrat Vila.
Espero que se le de más importancia a la inclusión social en los colegios y no se siga dejando de lado ni malinterpretándolo. En mis años educativos me he encontrado con dos formas en las que se "intentaba" incluir a la gente que era distinta de la media de los alumnos y alumnas.
ResponderEliminarO bien se dejaba que se integrasen solos o bien nos forzaban a que nos cayesen bien. Ninguna de las dos es una buena manera. No se puede dejar a alguien que viene nuevo sin alguien en quien vea que puede recurrir (de su edad, obviamente no pueden seguir poniendo a los profesores como único referente porque así no se van a relacionar con gente de su edad) ni forzar a que nos llevemos bien y de amigos todo el rato (vale, tendrá una discapacidad, pero eso no hace que automáticamente me caiga bien).
Creo que en muchos centros aún falta explicar bien qué es el término "educación inclusiva", porque o bien pasan de ello o bien se pasan de largo de lo que es.