En clase de hoy (en este caso, tutoría grupal
de los viernes), hemos comenzado comentando la noticia que subió Josetxu a su
blog, llamada “Si quieres nos enrollamos”: 50 alumnas
estallan contra los comentarios sexuales de un catedrático ¿de educación? en
Valencia. Y van unos cuantos estos últimos años. Con la que una vez más hemos quedados
sorprendidos de como se pueden seguir dando estas situaciones en los centros.
Después de esto, seguimos cada uno trabajando
en nuestra unidad didáctica, esta vez el profesor nos explicó como tendríamos
que realizar el apartado de evaluación y competencias. Ya que cada uno sigue
diferentes ritmos, Josetxu nos va ayudando individualmente y resolviendo
nuestras dudas acerca de la unidad.
Como en este día el diario se queda muy escueto, he decidido buscar y añadir una noticia de interés y la cuál me ha sorprendido porque como bien dice es una “violación de los derechos y de la privacidad de los niños
Alumnos de nueve años de una escuela portuguesa son encuestados
sobre sus inclinaciones sexuales
Hace años que la
asignatura de matemáticas dejó de ser el ogro del curso escolar. Los niños de
hoy en día aprenden a leer y a sumar sin lágrimas, pero otra cosa son las
encuestas, estudios psicotécnicos, entrevistas con tutores o, dios, el papel de
plátano en la representación teatral de fin de curso. Hasta el reparto de
papeles falta mucho, antes hay que saber las inclinaciones sexuales de los
alumnos de la clase.
En una de esas
clases-trampa, la de Ciudadanía, barra subgénero Educación para la Igualdad de Género,alumnos de nueve años de una escuela de
Oporto (Portugal) tuvieron que responder a la pregunta: “¿Me siento atraído por
hombres, mujeres o ambos?”. Aparte de que a esas edades hubiera sido más lógico
preguntar por “niños y niñas”, la encuesta escolar también pedía que el/la/lo
estudiante escribiera su edad, nacionalidad e “identidad de género”.
En la misma “ficha
sociodemográfica” —realizada en las primeras semanas del curso—, se pregunta al
niño/niña si está enamorado o si lo ha estado. Todo ello, al menos, de forma
anónima, aunque con el aula y otras referencias de la ficha no costaría
identificar a los alumnos, algunos de ellos tan inocentes que escriben la firma
con su nombre.
El
anonimato no duró mucho, pues por algún desliz del centro escolar, un padre
colocó en las redes sociales una copia de la encuesta. Rápidamente se ha
localizado al culpable: las redes sociales, que han exagerado, dicen, algo que
era algo normal en la asignatura. Tanto los responsables escolares como la asociación
de padres del centro se han escandalizado de la publicidad, pero no de las
preguntas a los niños. El Ministerio de Educación dice que lo va a investigar,
que no sabía nada.
Según ha reconocido su
portavoz, la asociación de padres estaba parcialmente informada de la encuesta,
que forma parte de la asignatura de Ciudadanía —que engloba la Educación
Sexual—, novedad del año lectivo 2018-19. La misma asociación señala que la
mayor parte de los alumnos no entendieron la pregunta y la dejaron en blanco.
La asociación acepta que igual la encuesta no era adecuada para niños de nueve
años, pero que tampoco era para tal barullo.
En una entrevista
al Observador, la especialista
en psicología educativa Isabel Abreu-Lima califica las preguntas de
“inadecuadas, invasivas y no inocuas”. Para la profesora de la universidad de Oporto se trata de “una
violación de los derechos y de la privacidad de los niños”.
Elegí esta noticia porque como futura maestra y hablando en nombre también de los demás no podemos dejar que estas cosas ocurran.
ResponderEliminarMe parece increíble que en pleno siglo 21 se sigan dando estas situaciones. Todo el mundo puede elegir porque sexo es atraído y eso no es algo que tenga que saber un docente porque la educación del niño va a ser igual diga lo que diga. No creo que esa información la tenga porque dar el alumnado porque lo que diga no va a influir en su rendimiento académico.